¿EXISTE ESPACIO POLÍTICO PARA LA SOCIALDEMOCRACIA EN ESTADOS UNIDOS?

Mientras que la formalmente comunista China y la exsocialista Rusia han abrazado el capitalismo, en contraposición, en EE.UU. -un país tradicionalmente antiigualitarista- crece una variante del socialismo.

            Estados Unidos es, junto a Reino Unido, un país que posee una etiqueta de antisocialista muy marcada. En efecto, no existe ninguna gran organización política que se corresponda con esta tendencia y solamente al ala izquierda del Partido Demócrata la podemos circunscribir dentro de este ámbito ideológico.

            En este sentido, la ausencia de éxito del socialismo en EE.UU. está asociada a una cultura fuertemente individualista y competitiva, relacionada, a su vez, con la ética protestante, la cual fue primero transmitida en el siglo XVII por los colonos puritanos de origen inglés que escaparon de los anglicanos, siendo posteriormente exportada luego por numerosos inmigrantes de origen europeo hasta permanecer como primera práctica religiosa hasta hoy en día (según la compañía Gallup, el 51% de los estadounidenses profesaba el protestantismo en 2016). Asimismo, el éxito macroeconómico de Estados Unidos, en contraposición al de los países socialistas, alimentó la atracción desproporcionada hacia las ideologías plenamente favorables al sistema capitalista.

            Sin embargo, en esta década observamos indicadores de crecimiento social de la variante más moderada del socialismo -la socialdemocracia- en Estados Unidos. En primer lugar, debemos considerar el hecho de que Bernie Sanders hubiese ocupado el segundo puesto en las primarias del Partido Demócrata de 2015-2016.

            En segundo lugar, debemos tener en cuenta el índice de apoyo en torno al 25% de intención de voto que han sumado los socialdemócratas Sanders y Warren en las primarias que actualmente está celebrando la citada organización  (por ejemplo, en la encuesta publicada por la agencia Reuters en agosto de 2019 ambos sumaron un 27% de apoyo interno).

            En tercer lugar, no podemos tampoco obviar que la organización Democratic Socialist of America aumentó un 800% su afiliación entre 2010 y 2018, hasta alcanzar una membresía de 55.000 afiliados. Además, el ecosocialista Partido Verde pasó del 0,36% de voto de 2012 al 1,01% de 2016.

            En último lugar, e increíblemente, la encuestadora Gallup realizó un sondeo en 2018 donde mostró que el 51% de los jóvenes estadounidenses entre 18 y 29 años se inclinaba hacia el socialismo económico, frente a un 45% que lo hacía por el capitalismo.

            ¿A qué se deben entonces todos estos sorprendentes indicadores?

            En primer término, la Gran Recesión rompió en amplios sectores de este país con la idea de infalibilidad del capitalismo y de que la desregulación económica casi siempre genera resultados óptimos. Pues tras la crisis de 2008 observamos cómo la deuda pública de EE.UU. ascendió hasta el 96,3% del PIB (2010), cómo la tasa de desempleo llegó a rozar el 8% (un dato muy elevado en esta nación) o cómo el nivel de crecimiento llegó situarse casi del 0% en 2008.

            En segundo término, esta crisis más las políticas desigualitaristas de Trump han dado lugar a que el número de pobres hayan aumentado al entorno del 20% (según un informe de la ONU de 2018), dato que contrasta con los escandalosos sueldos poseídos por algunos ejecutivos en período de crisis o con el hecho de que el 10% más rico controla más del 76% de la riqueza nacional.

            En tercer término, de acuerdo con la American Community Survey (2019), 2/3 de los estadounidenses son de raza blanca, en contraposición al hecho de que en 2000 abarcaban un 76% del total, según el ensayo demográfico The Source. Es decir, las minorías (especialmente la hispana), cuyo sentido político es más colectivista y cuya renta per cápita es inferior a la del norteamericano WASP, son cada vez más cuantiosas.

            En cuarto término, el crecimiento de los países BRIC en los últimos años (especialmente, China) ha ocasionado una cierta desconfianza a la globalización. Así, frente al optimismo mundialista de los 90, EE.UU se pone por primera vez a la defensiva. Un indicador es el amplio apoyo electoral que obtuvo en 2016 el proteccionista Trump procedente de profesionales pertenecientes a sectores laborales afectados por la competencia con otros países. En este sentido, no olvidemos que en 2016 algunas encuestas situaban a Sanders como hipotético favorito frente a Trump, y en parte lo era por su defensa del intervencionismo económico a favor de ciudadanos económicamente empobrecidos como consecuencia de la globalización.

            Por último, el fuerte rechazo que suscita la personalidad y políticas de Trump en amplios sectores de la población estadounidense alimenta el crecimiento de los núcleos ideológicos posibilistas más críticos con el neoconservadurismo, los cuales se corresponden precisamente con la socialdemocracia.

            En conclusión, el socialismo democrático está en un proceso sociológico, político e incluso institucional de crecimiento. No obstante, Estados Unidos sigue siendo cultural e ideológicamente un país notablemente antisocialista y el aparato del Partido Demócrata siempre ha sido proclive a un socioliberalismo proestablishment. Por tanto, resultaría difícil ver a un candidato demócrata abiertamente socialista y que no renunciase a muchos de sus principios. E incluso en ese hipotético caso un candidato socialdemócrata tendría que derrotar a otro republicano que tendría en bandeja como munición en campaña el anticomunismo y que siempre estaría apoyado por casi todos los grandes lobbies de ese país.

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